Rivera: una ciudad “bisagra”
El devenir histórico-cultural del departamento fronterizo y su vínculo con Brasil
El 7 de mayo de 1862 el presidente de la república en aquel entonces, Prudencio Berro, aprobó la ley que creaba el pueblo "Villa de Ceballos". Este se ubicaría en frente "al pueblo brasileño de Santana do Livramento", según consta en el primer artículo de esa ley. En 1867, se aprobó el decreto para la fundación del pueblo de Rivera y en ese mismo año Carlos Reyles, jefe político de Tacuarembó, cumplió con dicho decreto. Finalmente, el 1 de octubre de 1884 fue creado el departamento de Rivera.
Según la profesora de historia que se desempeña en el Instituto de Formación Docente (IFD) de Rivera, Rosario Brochado, en la constitución de 1830 el país estaba compuesto por solo nueve departamentos. La zona que hoy corresponde al departamento fronterizo "pertenecía al departamento de Tacuarembó".
Para Brochado, el proceso fundacional del departamento responde a fines económicos. "Había una necesidad de controlar el comercio en la zona, ya que esto no era una cosa ingenua, sino que de gran importancia", sostuvo.
Por otra parte, para Alejandro Gau, profesor de historia que trabaja en el Centro Regional de Profesores (CERP) del Norte, la decisión de crear la ciudad y posteriormente el departamento, tiene que ver además "con la construcción del Estado-nación". Para el gobierno uruguayo de la época "era necesario marcar los límites", expresó. Gau dijo que "hay que recordar que el parlamento había realizado una suerte de denuncia", en la que se "decía que este era un territorio 'abrasilerado'". En aquel entonces la mayoría de los propietarios de la tierra en la zona eran brasileños, lo que preocupaba a las autoridades nacionales, pero también la posible influencia cultural. En parte, "Rivera se funda para tratar de frenar el avance de Brasil", comentó.
Esa misma idea seguiría presente más adelante. Juan Francisco Xavier, profesor de sociología e investigador, recordó la creación de los CERP- en la década de los 90'- y uno se instaló en Rivera. "[Germán] Rama expresó que se trataba de expandir la cultura uruguaya, pero también de imponer una barrera a la cultura brasileña", señaló.
La influencia brasileña
Para el antropólogo y docente de la Universidad de la República, Fernando Acevedo, en el día a día "no hay una concepción de un lado y otro del límite, como lo puede pensar alguien que no es de la zona". "Esa situación particular geográfica se naturaliza", añadió. Por lo que la influencia de un país sobre otro es difícil de determinar.
Acevedo explicó que por tratarse de una frontera seca "totalmente permeable", los ciudadanos de ambos países "pueden pasar de un lado a otro, sin ningún tipo de obstáculo geográfico o administrativo". Además, la documentación posibilita que se pueda "comprar o vender en ambos países" sin mayores dificultades. A eso se suma que "tampoco hay que pagar en la moneda local", puesto que en la mayoría de los casos se pueden usar tanto pesos uruguayos como reales brasileños.
El antropólogo mencionó el caso de la zona de Masoller, donde según contó hay "un uso indistinto de bienes y servicios" por parte de los habitantes del lugar. Como ejemplo de eso, los niños brasileños van a la escuela en Uruguay, porque "del lado de Brasil no hay escuela". Mientras que el único "cuartelillo de bomberos existente" está en la parte brasileña de la frontera y es el que acude en casos de que sea necesario a emergencias en territorio uruguayo.
Por otra parte, para Xavier Rivera es una ciudad "bisagra". Esto quiere decir que "te permite pasar de un lado al otro, no solo desde el punto de vista físico sino que desde el punto de vista simbólico, desde lo cultural", argumentó. Agregó que "es una ciudad ambivalente, en el sentido de que tiene relaciones con Brasil a través de Río Grande do Sul, y con Uruguay". Pero desde la perspectiva cultural e incluso económica, la relación con nuestro país es menos estrecha que con nuestros vecinos. "Hasta el punto que la vida cotidiana en Rivera se construye más a expensas de Río Grande do Sul que del propio Uruguay", explicó.
Xavier considera que "si bien existe una influencia de los uruguayos hacia los brasileños", si se pudiera medir, "nuestra influencia es menor". Al respecto, recordó que recientemente se realizaron determinadas bromas por el hecho de que algunos riverenses confundieron "hisopado" con "ensopado". "El ensopado es una comida típicamente riograndense, gauchesca pero riograndense", reflexionó.
A continuación dio otros ejemplos de la influencia cultural brasileña sobre los riverenses. Dijo que "en las escuelas y liceos riverenses se realizan fiestas juninas", que tienen origen en el país vecino. Sin embargo, en las instituciones educativas de Livramento "no se realiza ninguna celebración tradicional uruguaya". El profesor de sociología entiende que se debe considerar "el gran número de bandas marciales" que hay en la capital departamental como otro aspecto en el que está presente la influencia extranjera. Xavier explicó que estas abundan en Río Grande do Sul y guardan "un residuo de una época militar". Durante la última dictadura cívico-militar "se hacían sendos desfiles, y los barrios de Rivera competían para ver cuál presentaba una mejor performance". Actualmente "todos los desfiles que se hacen en la ciudad", terminan con bandas de ese tipo.
En suma, considera que "la influencia del vecino país es tan grande", al punto que la confluencia "entre religión y política que se ha dado en Brasil durante los últimos años", también sucede en Rivera. El actual subsecretario del Ministerio de Ambiente, Gerardo Amarilla, "fue electo diputado con votos de los sectores evangélicos", analizó.
El portuñol
No hay lugar a dudas de que una particularidad que marca a las zonas fronterizas con Brasil al norte de nuestro país y a su vez dan cuenta de la convivencia de ambos pueblos es el "portuñol". La variante lingüística que formalmente se conoce como Portugués en Uruguay. Más allá de eso, Gau explicó que "siempre ha sido visto como un problema" por parte de las autoridades nacionales.
Por su parte, Brochado dijo que cuando José Pedro Varela creó en 1877 el decreto-ley de Educación Común, dispuso que las escuelas ubicadas al norte del país debían "enseñar en castellano". Para la profesora del IFD esto se explica porque Varela había expresado que "en esta región todo es en portugués". Agregó que las primeras escuelas públicas datan de 1890 y "concurría un porcentaje bajísimo de la población". En cambio, los estancieros "contrataban a maestros para sus hijos y estos aprendían en portugués, era la lengua de prestigio, lo que habían escuchado toda su vida", narró.
José Pedro Rona realizó en 1959 un trabajo sobre el dialecto fronterizo en Uruguay, en el que distinguió variantes como: "el riverense, el artiguense o el tacuaremboense", continuó Brochado. Aunque "no se tomó ninguna medida desde el punto de vista de políticas lingüísticas", manifestó.
Recién en 1967 Eloisa García Etchegoyen de Lorenzo, en aquel entonces consejera de primaria, "dijo que en la zona de frontera se debía realizar un plan piloto". Dicho plan consistiría en que hayan tres grupos de escuelas: "uno en el que se hablase en español"; otro en el "que se hablase en dialecto y en portugués"; y un tercer grupo en el que "se hablase en español, en dialecto y en portugués", sentenció. Brochado dijo que "eso era bastante revolucionario", pero que no se implementó por cuestiones políticas. "En 1971 hay un trabajo del Departamento de Lingüística de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación", contó la docente de IFD. "El mismo consta de muchas entrevistas e identifican un montón de variantes en las zonas de frontera", e incluso llegaron a formar un mapa con ellas, agregó.
Gau dijo que durante el período dictatorial, sobre todo de 1975 en adelante, el Estado uruguayo "aplicó una política a nivel educativo" que se puede definir como "purismo lingüístico". Eso "no era otra cosa que tratar que la juventud hable el mejor español posible", aclaró. Era evidente que esa medida "tenía como uno de sus objetivos la frontera con Brasil", aseguró.
Brochado dijo que en el 2000 "surge el profesorado de portugués en el CERP" y actualmente se enseña dicha lengua en primaria. Entiende que aproximadamente el "50% de los niños que empiezan la escuela hablan el dialecto en sus casas", por lo "que el español representa una segunda lengua y debe ser enseñado como tal". A eso se agrega la enseñanza del portugués, "para que el chiquilín tenga todas las miradas de su realidad lingüística", aseveró.
Marcelo Aguirrezábal.

